Durante el periodo vacacional hemos estado más relajados, nuestra vida social ha sido más intensa, y hemos podido disfrutar de más tiempo libre. Nuestros hábitos alimentarios han sido diferentes (más aperitivos, comidas fuera de casa, viajes…) y al final, todo esto puede jugarnos una mala pasada y traducirse en unos kilos de más en la báscula.

Tras el periodo vacacional, el estrés también puede hacer acto de presencia: la vuelta al trabajo, el colegio de los niños, los estudios… los días empiezan a hacerse más cortos y la luz tan benéfica para nuestro buen humor, disminuye. Todos estos factores pueden hacer que, tras el periodo de relajación y de actividades al aire libre, la vuelta a las tareas cotidianas ocasione en muchas personas una fatiga moral, trastornos del sueño, cansancio, pudiendo llegar a ocasionar alteraciones del apetito.

Una dieta rica en antioxidantes es una necesidad para conservar forma, vitalidad y favorecer una mayor resistencia a las agresiones en el periodo otoñal. Los principales antioxidantes aportados por la alimentación son: la vitamina C, la vitamina E el Beta caroteno, los flavonoides (luteína, cítricos, frutos rojos), el selenio (pescado, carne, huevos, cereales, ajo), el zinc (marisco, ostras).

A medida que las semanas van pasando, iremos cambiando gradualmente nuestra forma de alimentarnos. Así, iremos dejando poco a poco la alimentación de la estación calurosa (comidas y bebidas frías, ensaladas), para pasar a tomar una alimentación acorde con la estación otoñal incrementando las verduras estacionales como la cebolla, la calabaza, la col, la coliflor, sin olvidar las verduras de hoja verde tan importantes para un óptimo rendimiento de nuestro organismo. Es importante adaptar nuestra alimentación a los cambios estacionales.

También es el momento de empezar a reforzar nuestro sistema inmunitario y equilibrarlo de todos los excesos del verano. La jalea real, o el ginseng permiten reforzar el sistema inmunitario actuando como nutrientes anti-estrés y regeneradores hepáticos incrementando además la capacidad de oxigenación celular. El zinc y el magnesio son dos minerales esenciales en numerosas reacciones del organismo actuando de manera privilegiada sobre nuestra inmunidad y nuestras capacidades de defensa.

Una alimentación sana es una alimentación de calidad, pero igualmente una alimentación autóctona y de la estación para una correcta adecuación a las necesidades del organismo, ya que no se tienen las mismas necesidades en verano con las altas temperaturas que en invierno con las heladas.

Se deben plantear objetivos que puedan cumplirse a largo plazo, como pueden ser:

– Desayunar correctamente, ya que una alimentación insuficiente por la mañana influye en el grado de atención.
– Distribuir el total de la ingesta en 4 o 5 comidas. La repartición alimentaria es lo que condicionará nuestro organismo para una mejor asimilación de los nutrientes.
– Hacer una alimentación variada y diversificada, ya que las monodietas crean carencias importantes.
– Procurar un ambiente agradable durante las comidas y dedicar el tiempo necesario para cada una de ellas
– Mantener un horario, y ser regular en la distribución de las comidas, ya que en caso contrario se pueden producir desarreglos nutricionales que pueden llevar a una ingesta elevadas de alimentos o a carencias nutricionales.
– Vigilar la sal que se añade a las comidas para evitar retenciones de líquidos.
– Beber 2 l de agua al día aunque no se tenga sed, para mantener una buena hidratación del organismo.
– Limitar la ingestión de cafeína, alcohol, teína. Privilegiar las infusiones diuréticas (cola de caballo, salvia, menta…)
– Hacer ejercicio físico.

Se deben plantear objetivos que puedan cumplirse a largo plazo. En esta época es un buen momento para replantearnos desde un principio, volver a los buenos hábitos y no caer en los errores más frecuentes como pueden ser:

– Comer deprisa o saltarse alguna comida, principalmente el desayuno porque no se tiene tiempo, favorecen la sensación de hambre y el consumo de alimentos fuera de las comidas.
– Comer cualquier cosa en el trabajo o en la oficina. Esto puede hacer que se consuma más café o más té y por tanto se incremente el nivel de ansiedad.

Los radicales libres están considerados como los principales agresores celulares. Éstos favorecen en envejecimiento de los tejidos y las enfermedades degenerativas. Los antioxidantes son un conjunto de sustancias formadas por vitaminas, minerales, pigmentos naturales y otros compuestos vegetales y enzimas que bloquean el efecto dañino de los radicales libres.