El equilibrio alimentario es el primer factor de salud del niño. Excluyendo las enfermedades hereditarias y fuera de un entorno muy contaminado (polución, radiaciones), la mayoría de las patologías están relacionadas con nuestro modo de vida.

Su gravedad depende de nuestras capacidades de adaptación a todos estos factores de agresión. La higiene de vida concierne en particular la nutrición y la actividad física.

Los hábitos alimentarios y comportamientos sedentarios se desarrollan en la infancia y adolescencia, siendo luego muy difíciles de modificar.

Para un niño, la calidad de la alimentación es primordial, ya que tiene una influencia en el crecimiento y en el desarrollo de sus órganos, como son el sistema inmunitario o su cerebro.

La obesidad es la enfermedad nutricional más frecuente en los niños y adolescentes de los países industrializados y por ello, es fundamental reeducar sus hábitos ya que si no se toman medidas es muy frecuente que persista en la edad adulta. Las enfermedades asociadas a la obesidad de la población más joven incluyen diabetes de tipo 2, hipertensión, dislipemias, agravamiento de enfermedades respiratorias como el asma, así como problemas psicosociales.

Los excesos alimentarios a menudo están relacionados con el aburrimiento y la falta de actividad. La actividad deportiva juega un rol esencial ya que, les permite estar ocupados y pensar en otra cosa que en comer, a su vez, les permite reconciliarse con un cuerpo a menudo vivido como una fuente de complejos. Se debe acostumbrar a los niños a realizar ejercicio físico de forma cotidiana: ir andando o en bicicleta al colegio y a casa de los amigos, practicar deporte con asiduidad, etc.

El número de horas que los niños y adolescentes dedican a ver la televisión, a jugar con los ordenadores y videojuegos ha aumentado de forma espectacular. Una actividad física insuficiente es el resultado de un cambio en los modelos de conducta que derivan hacia estilos de vida más sedentarios, ocasionando un desequilibrio entre consumo y gasto energético.

Un niño solo, sin la ayuda de los padres, difícilmente se decidirá a practicar algún deporte en serio. Los padres que practican un deporte con sus hijos aumentan la esperanza de que el niño persevere.

Sin duda, la combinación de la educación nutricional y la promoción de la actividad física en edades muy tempranas son las mejores estrategias de prevención y curativas para la población infantil y juvenil pero también para la población en general.