El otoño, es una estación intermedia en la que el organismo necesita recargar sus baterías para preparar la llegada del invierno.

En pocas semanas, los árboles se despojarán de sus hojas y la energía que antes se concentraba en “su verdor”, se recoge y se concentra en las raíces. Así, nuestro organismo también tiene una tendencia a “recogerse” y necesita prepararse poco a poco para hacer frente a los cambios de temperatura. Durante este periodo, los días empiezan a hacerse más cortos, y la luz tan benéfica para nuestro organismo disminuye. Esta falta de luminosidad, puede perturbar nuestro reloj interno, y traducirse en una bajada de energía.

De ahí, la importancia de una alimentación variada, equilibrada y autóctona, que nos aporte la energía necesaria en esta fase de repliegue fisiológico. Es importante, adaptar nuestra alimentación a los cambios estacionales.

¿COMO ADAPTAR LA ALIMENTACION EN OTOÑO?

Aprovechar los beneficios del verano y optimizar nuestros recursos para afrontar el invierno, es el doble objetivo de la alimentación otoñal. Una misión centrada más que nunca en las frutas y verduras, nuestros aliados más saludables. Lejos de ser una estación muerta, el otoño rebosa de bonitos colores: rojo, verde, amarillo, naranja, se reflejan en los cereales, las frutas y las verduras. En la cesta de primicias, podemos encontrar los frutos que han madurado durante el verano: manzanas, peras, uvas. Es también la estación de las castañas, que los griegos y los romanos ya recomendaban por sus virtudes antianémicas y remineralizantes y que se pueden consumir crudas, hervidas, asadas, al vapor, en puré….

En otoño, los alimentos que pueden almacenarse como los cereales, patatas, legumbres, ocupan un sitio de honor. Debemos pensar en aumentar el consumo de verduras redondas y raíces, con un sabor dulce natural: cebolla, col, zanahoria, chirivía, calabaza, nabo, boniato. Sin olvidar los champiñones, que aportan todos los elementos indispensables al organismo por muy pocas calorías. Como especias podemos utilizar: el jengibre, la nuez moscada, el clavo y la canela.

Los cereales integrales, trigo, avena, arroz, quinoa, centeno, son reconstituyentes y energéticos. Son ricos en fibra, y juegan un rol importante en el proceso de la digestión. Contribuyen a disminuir el riesgo de padecer ciertas enfermedades.

A medida que las semanas van pasando, iremos cambiando gradualmente nuestra forma de alimentarnos. Debemos empezar a reducir el consumo de frutas crudas y ensaladas y a introducir alimentos más consistentes y cocinados.

Para hacer frente al frío, necesitamos fortalecer nuestras defensas y obtener toda la energía posible. Es el momento de empezar a reforzar nuestro sistema inmunitario y equilibrarlo de todos los excesos de verano. Es muy frecuente ver, que al primer cambio de temperatura llegan los primeros resfriados y gripes, debido a una falta de preparación energética para los meses de otoño. Una dieta rica en antioxidantes es una necesidad para conservar forma, vitalidad y favorecer una mayor resistencia a las agresiones en el periodo otoñal. Los principales antioxidantes aportados por la alimentación son: la vitamina C, la vitamina E, el Beta-caroteno, los flavonoides (luteína, cítricos, frutos rojos), el selenio (pescado, carne, huevos, cereales, ajo), el zinc (marisco, ostras).

El zinc y el magnesio son dos minerales esenciales en numerosas reacciones del organismo, actuando de manera privilegiada sobre nuestra inmunidad y nuestras capacidades de defensa. La jalea real y el ginseng, nos permiten reforzar el sistema inmunitario actuando como nutrientes anti-estrés y regeneradores hepáticos, incrementado además, la capacidad de oxigenación celular En este periodo otoñal, la carencia más frecuente es la vitamina C, una vitamina particularmente frágil, sensible a la luz del sol y a las altas temperaturas, a consumir: kiwis, cítricos, crucíferas, pimientos…….

Otra vitamina que debemos privilegiar en esta época otoñal es el beta-caroteno (o provitamina A), que participa en la lucha contra el envejecimiento gracias a sus propiedades antioxidantes, así como al buen funcionamiento del sistema inmunitario. En otoño, la zanahoria, la calabaza, el brócoli, el perejil, la chirivía, el boniato, deben ser nuestros aliados. La vitamina E, que ayuda a luchar contra el estrés oxidativo y favorece la resistencia a las infecciones, será aportada por los aceites vírgenes de la primera presión en frío, los frutos secos y las semillas: almendras, pipas, sésamo……

Sin olvidar la actividad física regular, dos a tres veces por semana, complemento indispensable para la salud, el equilibrio y el bienestar de nuestro organismo.